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  Antecedentes simbólicos e ideológicos
  de la masonería

 

«Debido a que el masón es un hombre de justicia, honor, virtuoso y devoto que lucha por sus ideas y en defensa de sus hermanos.»

La masonería es ante todo una relación positiva, constructiva y, por tanto, constructiva. El deber de "construir" (primeramente espiritual) es el deber y la tarea de todo albañil. De ahí el simbolismo que se refiere a la construcción, especialmente a los constructores medievales de catedrales (ya en el siglo XIV en Inglaterra existía la "Hermandad de molinos libres"), de la que, en cierto sentido, nació el movimiento masónico moderno.

La masonería no solo construye, sino que también transforma, perfecciona, la "piedra" es injusta y no está clasificada en una "piedra" noble y tallada. De ahí el simbolismo alquímico que se infiltró en la masonería a través de los rosacruces, quienes jugaron un papel en la configuración de la masonería especulativa (pero también, curiosamente, la primera sociedad científica, la Real Sociedad Británica). 

Los Rosacruces renunciaron a la práctica de la alquimia e intentaron encontrar una "piedra filosofal" o "elixir de la vida", en favor de la alquimia mística, que fue objeto de investigaciones alquímicas para el hombre, especialmente su esfera moral y religiosa. La Gran Obra (Gran Quevre) de los nuevos alquimistas es la renovación de la iglesia y el hombre, también el regreso al cristianismo original, en la versión Protestante fue antipapal y antitromano. Ver. más: T. Cegielski,

Dado que los masones están convencidos de que no todo el conocimiento es apropiado para el receptor no preparado, deben proteger la cuerda de su arte real para que no sea utilizado con fines ignorantes por ignorantes o fanáticos. De ahí el misterio y la Cábala y todo el sistema de códigos y significados simbólicos y alegóricos. Hoy en día, el misterio masónico es ante todo simbólico y misterioso.

Los masones creen que cada profano, al entrar en el círculo masónico, yendo hacia la Luz y el verdadero Conocimiento (Gnosis), se convierte en un hombre diferente, nace a una nueva vida, por lo que utilizan las ceremonias de transición: iniciaciones e iniciaciones. Estos, a su vez, se inspiran abundantemente en los antiguos cultos místicos de orfo-secreto, y sobre todo se trata del mito solar de Osiris. Basados ​​en su fundamento, los misterios egipcios jugaron un entierro ritual de los vivos, la experiencia de una muerte y resurrección que se acercan lentamente (simbólicas) a una nueva vida y una nueva calidad de vida. Contenido similar se expresó en los misterios elusianos relacionados con la diosa Deméter.

Debido a que el masón es un hombre de justicia, honor, virtuoso y devoto que lucha por sus ideas y en defensa de sus hermanos, de ahí el simbolismo de los caballeros, especialmente en referencia a la extremadamente intrigante hermandad de caballeros: los caballeros templarios. También se suponía que los templarios eran constructores medievales, que colocaban muchas iglesias y castillos defensivos en Tierra Santa. Ver. Más: la masonería y los templarios desde el siglo XVIII hasta el siglo XX. Mitos - hechos - estado del conocimiento

La corriente esotérica-gnóstica del cristianismo también jugó un papel en el simbolismo y las metáforas de los masones. La corriente más cercana del evangelio gnóstico de Juan ocupa un lugar especial, y su supuesto autor, el santo. Jan, es uno de los mecenas de la masonería, en particular los grados inferiores (St. John's - primeros tres grados). Noé ocupó un lugar no menos importante, un destacado arquitecto que pudo construir un arca que salvó a la humanidad de la destrucción. Así sería el primer masón, aunque sin delantal, el primer arquitecto de la raza humana. Algunos hermanos cristianos de la antigüedad vieron los comienzos del Arte Real, en Adán al ver al primer Masón. Gran parte del simbolismo masónico se centra en el Templo de Jerusalén (Salomón) y especialmente en su constructor, Hiram Abifa de Tiro.

Entre las inspiraciones masónicas, también encontramos misteriosas y legendarias asociaciones pitagóricas (el mismo Pitágoras es uno de los mecenas más importantes de la masonería). Estos antiguos hermanos, que consideraban la ciencia y la música como un medio para limpiar el alma, desarrollaron muchas especulaciones coloridas y, a veces, extremadamente importantes, y teorías cosmológico-matemáticas. En la masonería, Pitágoras, junto a Hiram, es considerado el principal patrocinador del movimiento masónico espiritual, principalmente como el fundador del orden esotérico esotérico, pero también del movimiento político y social, que es de gran importancia en las actividades de la masonería. La masonería moderna fue una de las fuerzas de conformación más importantes, especialmente a través de la educación y el estímulo de la transformación libertaria de las sociedades sociooccidentales. Su importancia en los siglos dieciocho y diecinueve estuvo cerca del significado de la Unión Crotona en el antiguo período post-pentecostal, cuando "el pensamiento y la práctica del pitagorismo a menudo determinaban el rostro político y sistémico de las ciudades griegas del sur de Italia". La ética y el mejoramiento moral fueron uno de los aspectos más importantes de las actividades de las uniones pitagóricas, de manera similar en la masonería, que nutre una forma particular de moralidad secular. No es solo por estos motivos que se puede decir que existen similitudes entre la masonería moderna y las uniones pitagóricas. Por lo tanto, algunos investigadores contemporáneos (incluidos F. Cumont, J. Carcopino y G. Freyburger) vinculan estas tendencias y asociaciones. Por otro lado, también los masones están dispuestos a referirse a Pitágoras (por ejemplo, la conferencia masónica en Roma se organizó bajo el nombre de "Pitágoras 2000";

Debe recordarse que todos estos símbolos e inspiraciones en la Masonería son principalmente espirituales, intelectuales y humanísticos, no religiosos, ocultos, prácticos. Los masones se consideran a sí mismos como continuadores de los constructores de la catedral, pero las construcciones masónicas no tienen una dimensión material, los masones no cortan la piedra común. De manera similar con la alquimia, los masones no tienen nada que ver con la alquimia práctica, esta es la química moderna, sino la alquimia simbólica y espiritual, que expresa la idea de transformar al hombre en un mineral cada vez más perfecto.

Este simbolismo extraordinariamente intrigante y rico ha engañado en repetidas ocasiones a los charlatanes y magos, que por lo tanto fluyeron a refugios o crearon alojamientos en diagonal. La masonería, sin embargo, no tiene nada que ver con la magia. Es un sistema filosófico profundo y un camino de mejora humanista. Él valora la tradición, pero también es un vivero y una cuna de nuevas ideas para el futuro de la sociedad.

Escrito por: Kamil Racewicz

 

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  La Simbología Masónica

 

«El grado de aprendiz es el primero en la escala de la masonería azul y simbólicamente corresponde a la infancia o primera juventud del hombre, así como el grado de compañero se asocia con la madurez y el de maestro con la senectud. Como es del caso nos ocuparemos aquí del primer grado.»

Con el desarrollo de las llamadas “ciencias humanas”, los estudios sobre símbolos alcanzaron un nuevo periodo de interés. Desde finales del s. XIX, el triunfalismo racionalista se fue difuminando poco a poco para dejar paso a una serie de interrogantes sobre las estructuras simbólicas de culturas que habían sido, hasta aquel momento, ignoradas o juzgadas de “primitivas”. En el primer año del siglo XX vio la luz la publicación de La interpretación de los sueños, de Sigmund Freud, que inició la exploración científica de otro mundo: el inconsciente. Paralelamente, la incipiente ciencia lingüística propuso nuevos modelos para explicar la relación entre significante y significado.

Los símbolos gozan hoy de un renovado prestigio y han propiciado que la imaginación no sea despreciada en el procedimiento científico. La imaginación, junto a la razón, se ve hoy rehabilitada como herramienta científica, inspiradora de los descubrimientos e hipótesis más brillantes. Su renovado prestigio se debe también a los efectos del actual triunfo de la imagen, que los sociólogos intentan explicar; a las modernas explicaciones de mitos antiguos; al nacimiento de mitos modernos y a las interpretaciones del psicoanálisis. 

Los símbolos están en el centro, y son el corazón de la vida imaginativa. Revelan los secretos del inconsciente, controlan y conducen los más ocultos resortes de la acción, abren la mente a lo desconocido y al infinito. 

A lo largo del día y de la noche, en el lenguaje, los gestos y los sueños, cada uno de nosotros, se dé cuenta de ello o no, utiliza símbolos. Los símbolos dan forma a los deseos, incitan a ciertas empresas, modelan un comportamiento, atraen éxitos o fracasos. Su formación, disposición e interpretación interesan a numerosas ciencias: historia de las civilizaciones y religiones, lingüística, antropología cultural, crítica de arte, psicología y medicina, entre otras. Sería necesario añadir a esta lista las técnicas de venta, la propaganda y la política. Estudios recientes y cada vez más numerosos clarifican las estructuras del imaginario y la función simbolizante de la imaginación. Todas las ciencias humanas, como las artes y técnicas que de ellas derivan, están plagadas de símbolos. Como dice Chevalier, “decir que vivimos en un mundo de símbolos es poco: un mundo de símbolos vive en nosotros”. La expresión simbólica traduce, de alguna manera, el esfuerzo del hombre por atrapar y descifrar un destino que se le escapa a través de las tinieblas que lo rodean. Porque si bien en los inicios del tercer milenio podemos afirmar que sabemos de dónde venimos y qué somos, no sabemos aún a dónde vamos. 

 

Cuando se hizo necesario que las verdades interiores fueran envueltas en ceremonias exteriores y simbólicas, a causa de la debilidad de los hombres, que no eran capaces de soportar la unión de la luz, nació el culto exterior, pero se trata siempre de la representación y del símbolo del interior, o sea, el símbolo del verdadero homenaje rendido a Dios en espíritu y en verdad.

Siempre ha existido una escuela más elevada a la que ha sido confiado el depósito de toda ciencia; esta escuela es la comunidad interior y luminosa del Señor (...) sus miembros están dispersos por todo el mundo pero han estado siempre unidos por un espíritu y una verdad ...

Karl von Eckartshausen
“La Nube sobre el Santuario”

El uso en la vida diaria de la palabra símbolo revela unas variaciones de sentido considerables. Para precisar la terminología es necesario distinguir bien la imagen simbólica de otras con las que se confunde demasiado a menudo. Si bien las fronteras no son muy explícitas en la práctica, su distinción es necesaria en nuestro intento teórico de llegar a la esencia del símbolo. 

De esta manera, el emblema, el atributo, la alegoría, la metáfora, la analogía, el síntoma, la parábola, el apólogo, no son símbolos. Todas estas formas figuradas que forman parte de la expresión tienen en común ser signos y no sobrepasar el plano de la significación. Son instrumentos de comunicación que pertenecen al plano imaginativo o intelectual, que cumplen el papel de espejo pero no van más allá del marco de representación.

El símbolo se distingue claramente del signo en que éste es una representación arbitraria que deja significante y significado (objeto y sujeto) ajenos uno a otro. Es decir, que –como dice Durs- el símbolo presupone la homogeneidad del significante y el significado en el sentido de un dinamismo organizador. Los trabajos de Jung, Piaget y Bachelard profundizan en la estructura misma de la imaginación, motor de este dinamismo organizador. La imaginación, lejos de ser tan sólo la facultad de formar imágenes, es la potencia dinámica que deforma las copias pragmáticas suministradas por la percepción, y este dinamismo reformador de las percepciones pasa así a ser el fundamento de toda la vida psíquica. 

Vemos, pues, de esta manera, que los símbolos algebraicos, matemáticos y científicos no son más que signos. Ninguna ciencia exacta podría existir basada en símbolos. También es un error pensar que la creciente abstracción del lenguaje científico conduce al símbolo. El símbolo está cargado de realidades concretas. La abstracción vacía el símbolo y engendra el signo. En el arte, contrariamente, se huye del signo y de nutre el símbolo. 

Ciertos formularios dogmáticos son asimismo denominados símbolos de la fe. Son las declaraciones oficiales y culturales gracias a las cuales los iniciados en una fe, un rito, una sociedad religiosa, se reconocen entre ellos. Los adoradores de Cibeles y Mitra, en la antigüedad, tenían sus “símbolos”. Al igual que los cristianos. No poseen de hecho el valor propio del símbolo, son tan sólo signos de reconocimiento entre creyentes y expresión de las verdades de su fe. Es el caso de los signos de reconocimiento de los francmasones, los toques o las palabras de paso. 

El símbolo es, entonces, mucho más que un simple signo: lleva más allá de la significación, necesita de la interpretación, y ésta, de una cierta predisposición. Está cargado de afectividad y dinamismo. Representa y vela, realiza y deshace. Juega con estructuras mentales. Por eso se lo compara con esquemas afectivos, funcionales y motores, a fin de demostrar que moviliza la totalidad de la psique. Para recalcar su doble aspecto representativo y eficaz se lo puede calificar de motor de la imagen y el imaginario, en lugar de situarlo al nivel intelectual de la idea. Cuando una rueda en una gorra indica un empleado de ferrocarriles, es sólo un signo. Cuando se pone en relación con el sol, los ciclos cósmicos, los encadenamientos del destino, las casas del zodiaco, el mito del eterno retorno, es otra cosa totalmente diferente: adquiere el valor de símbolo. Alejándose de la representación tradicional, abre la vía a la interpretación subjetiva. Con el signo permanecemos en un camino firme y seguro. El símbolo supone, por el contrario, una ruptura del plano, una discontinuidad, un pasaje a otro orden. Introduce un orden nuevo en otras dimensiones. Complejas e indeterminadas, pero dirigidas en un cierto sentido. Los símbolos son también llamados sintemas o imágenes axiomáticas. 

Los compases, las escuadras, las plomadas, triángulos, la piedra cúbica y tantos otros de la francmasonería serían símbolos afectivos y dinámicos, que necesitan de la interpretación, subjetiva y abierta, de cada francmasón. Nuestros símbolos juegan claramente este doble papel de ser motores de la imagen y del imaginario.

Los ejemplos más claros de los esquemas motores de imagen y del imaginario son los que Jung ha denominado arquetipos. Los arquetipos serían prototipos de conjuntos simbólicos, tan profundamente inscritos en el inconsciente que constituirían una estructura. Se encuentran en el alma como modelos preformados, ordenados y ordenadores, es decir, conjuntos representativos y emotivos estructurados, dotados de un dinamismo formador. Los arquetipos se manifiestan como estructuras psíquicas casi universales, innatas o heredadas: una especie de consciencia colectiva. Se expresan a través de símbolos particulares cargados de gran potencia energética. Lo común a la humanidad son las estructuras, que no son constantes, y no las imágenes aparentes, que pueden variar según las épocas, las etnias y los individuos. El símbolo arquetípico religa lo universal con lo individual. 

Los mitos se presentan como transposiciones teatrales de los arquetipos, esquemas y símbolos, y conjuntos de epopeyas, relatos, génesis, cosmogonías, teogonías y gigantomaquias, las cuales revelan ya un proceso de racionalización. Mircea Eliade ve en el mito el modelo arquetípico para todas las creaciones, sea cual sea el plano en que se desarrollen: biológico, psicológico o espiritual. La función principal del mito es fijar los modelos ejemplares de todas las acciones humanas significativas. El mito sería como un teatro simbólico de luchas interiores y exteriores que libra el hombre en su evolución, a fin de conquistar su propia personalidad. El mito nos permite descubrir tipos de acciones constantes, es decir, estructuras universales. 

El símbolo reclama una transformación en profundidad y se inscribe en el movimiento de la transformación total del hombre, y no sólo enriquece sus conocimientos y conmueve su sentido estético. Cumple, finalmente, el papel de transformador de la energía psíquica. El símbolo no sólo expresa las profundidades del yo, a las que da forma y figura, sino que estimula, mediante la carga afectiva de sus imágenes, el desarrollo de los procesos psíquicos. Como el atanor de los alquimistas, transmuta las diversas energías: puede así transformar el oro en plomo y las tinieblas en luz. 

Como dice Cardini, el sistema simbólico, junto con el mítico y el social, actúan siempre juntos como los tres sistemas propios de la vida humana que están presentes en todo tipo de ritos. Su presencia e incidencia en el R.·.E.·.A.·.A.·. que se practica en esta Respetable Logia es evidente. El objetivo de los rituales francmasónicos sería el de trabajar estos tres sistemas universales (simbólico, mítico y social) y mover los mecanismos psíquicos que harían posible su acción sobre los miembros de la logia. El ritual, mediante el sistema simbólico, potencia la transformación de los francmasones. A la vez que nos forma como hombres libres y buenos ciudadanos en la dimensión de las estructuras universales, a través del sistema mítico, a fin de insertarnos, como iniciados, en una sociedad de iguales. Una sociedad que queremos más libre, fraterna, democrática, laica y plural.