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Las 7 Reglas de Oro del Masón

 

La Francmasonería, institución esencialmente filantrópica, filosófica y progresista, tiene por objeto la búsqueda de la verdad, el estudio de la ética y la practica de la solidaridad; y trabaja por el mejoramiento material y moral de la humanidad. Tiene como principio la tolerancia mutua, el respecto a los demás y de uno mismo, y la absoluta libertad de conciencia. Considerando que las condiciones metafísicas y religiosas son del dominio exclusivo de la apreciación de cada individuo rechaza cualquier afirmación dogmática. Tiene por divisa: Libertad, Igualdad, Fraternidad.

 

1.- No hagas algo en un sitio, que por consideraciones morales, no puedas hacerlo en todas partes.

2.- No digas algo a alguien que por el más insignificante motivo no puedas decirlo a todo el mundo.

3.- Haz todo lo Posible por evitar antagonismos, salvo cuando peligren los verdaderos principios de la Orden y aún así, deberás siempre observar el debido respeto a las opiniones y sentimientos de los demás.

4.- No importa lo que te suceda, esfuérzate por tratar a los demás donde quiera que te encuentres como si nada desagradable te hubiere ocurrido.

5.- Se parco en exigir explicaciones o satisfacciones cuando se te haya ofendido, pero debes estar siempre presto a ofrecerlas aun cuando involuntariamente hayas podido levemente ofender a alguien.

6.- Cuando tengas dudas de la buena o mala intención que pudiera haber motivado cualquier acto que te afecte, siempre debes darle a la buena intención el beneficio de la duda.

7.- Nunca ofendas intencionalmente a nadie por considerar que se te ha ofendido.

 

ORÍGENES Y FUENTES FILOSÓFICAS DE LA MASONERÍA

 
Constructores Medievales, los antecedentes fundacionales de la Masonería

«La Francmasonería origenes y fuentes filosóficas.»

Desde la antigüedad, diversas corrientes filosóficas han favorecido en ciertas ocasiones la existencia de escuelas, grupos y afiliaciones basados en ritos y en la transmisión gradual del conocimiento. Muchas de estas escuelas han promovido la igualdad entre sus miembros y han creado espacios de libre reflexión con respecto al mundo circundante.

A lo largo del período medieval, ciertas tendencias del cristianismo, tanto en el mundo monástico como a través del resurgimiento cíclico de corrientes “heréticas”, dan cuenta de la permanencia de temas y de búsquedas. Son sus rasgos más frecuentes: el deseo evangélico de justicia social y de igualdad, la afirmación de la primacía del amor y el rechazo de la violencia, la perpetuación de ciertas reglas de grupos y una búsqueda del conocimiento –incluyendo la racionalidad y la reivindicación del libre albedrío.

La Francmasonería, de manera más o menos consciente, va a asumir esta herencia y a amalgamarla con el humanismo del Renacimiento y con las importantes corrientes filosóficas de los siglos XVII y XVIII. En estas transmisiones capilares y esta elaboración, también incorporará elementos extraídos del imaginario caballeresco, tal como perduraban en Francia al final del Antiguo Régimen.

Sin embargo, son las empresas de constructores de la Edad Media las que han servido como marco y modelo a la Francmasonería. Estas estructuras medievales perpetúan así una cultura milenaria de la piedra que se manifiesta en la manera de organizar y de transmitir el Oficio, en la importancia asignada a la solidaridad interna, en los signos y ceremonias específicas de admisión y de reconocimiento.

La Francmasonería Especulativa conserva y adapta una parte de las antiguas costumbres corporativas, como algunos elementos de vestimenta, de representaciones emblemáticas, de términos de vocabulario y ciertas formas rituales. Durante el siglo XVII, en Inglaterra y Escocia, se crean unas nuevas asociaciones con objetivos ecuménicos y basadas en el respeto a la diversidad de creencias cristianas. Comúnmente, el paso de la masonería operativa a la especulativa se ha atribuído a un aumento progresivo de la cantidad de obreros no-manuales que eran “aceptados” en el seno de las logias.

Uno de estos procesos hace prevalecer la fórmula inglesa que se impuso a comienzos del siglo XVIII y que separa completamente las nuevas logias de sus antecedentes operativos, cuya referencia ya no sirve más que como instrumento de legitimidad histórica. La reunión de cuatro logias londinenses en 1717, que crean la primera obediencia, y la publicación de las Constituciones de Anderson en 1723, constituyen los actos fundadores de la Francmasonería.