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Los Mandamientos Morales Masónicos

Los Mandamientos Morales Masónicos

«Cada miembro de la Logia se esforzará en ser realmente una de las columnas del simbólico Templo que la misma Logia representa, fijando su mirada en los Principios Ideales que constituyen su techado, y apoyando firmemente los pies sobre el suelo de la contingencia y de la realización objetiva. De esta manera, el cumplimiento individual de los deberes que a cada hermano le están encomendados hará que la Logia prospere y aporte una contribución efectiva a la prosperidad y al progreso de la Orden.»

I.- Sé justo, porque la equidad es el sostén del género humano.

II.- Se bueno, porque la bondad encadena todos los corazones.

III.- Sé indulgente, porque eres débil y porque vives entre seres tan débiles como tú.

IV.- Sé agradecido, porque el reconocimiento alimenta y sostiene la bondad.

V. Sé modesto, porque el orgullo subleva a los seres pagados de sí mismos.

VI.- Sé fiel y sumiso a la autoridad legal.

VII.- Perdona las injurias, porque la venganza eterniza los odios.

VIII.- Haz el bien al que te ultraje, a fin de mostrarte más grande que él y convertirlo en un amigo.

IX.- Sé continente, temperante y casto, porque la voluptuosidad, la intemperancia y los excesos destruyen a tu ser y te hacen despreciable.

X.- Sé buen ciudadano, porque la patria es necesaria a tu seguridad, a tus placeres y a tu bienestar.

XI.- Defiende a tu país, porque es el que te hace dichoso y porque encierra todos los lazos y todos los seres queridos a tu corazón; pero no olvides nunca  que la humanidad tiene sus derechos.

XII.- No sufras jamás que la patria, que es la madre común de ti y de tus conciudadanos, sea injustamente oprimida, porque entonces vivir en ella fuera una tortura. Si te niega el bienestar, si permite que te opriman, aléjate en silencio, no la trastornes jamás; soporta resignado la adversidad.

Tomado de: Liturgia del Grado de Aprendiz.

 

 

.·. Adora al Gran Arquitecto del Universo.

.·. Ama a tu prójimo.

.·. Haz el bien, y deja hablar a los hombres.

.·. El verdadero culto a Dios, consiste en las buenas costumbres.

.·. Haz el bien, por el amor al bien mismo.

.·. Conserva tu alma pura; que pueda presentarse a toda hora delante de Dios, libre de todo reproche.

.·. Ama a los buenos, compadece a los débiles, huye de los malvados. Más no odies a nadie.

.·. Háblale respetuosamente a los grandes, prudentemente a tus iguales, sinceramente a tus amigos, y con ternura a los pobres.

.·. No adules jamás a tu hermano, porque es una traición; y si tu hermano te adula, desconfía que te corrompa.

.·. Escucha siempre la voz de tu conciencia.

.·. Sé el padre de los pobres. Cada suspiro que tu dureza les arranque, será una maldición que caerá sobre tu cabeza.

.·. Respeta al extranjero y al viajero, porque su posición, les hace sagrados para ti.

.·. Cuando a tu vez seas extranjero, no abuses de esa circunstancia pretendiendo mayores consideraciones que las de la justicia.

.·. Evita las disputas y prevé los insultos, poniendo la razón de por medio.

.·. Respeta a las mujeres. Jamás abuses de su debilidad, y muere antes que deshonrarlas.

.·. Si el Gran Arquitecto del Universo te da un hijo, dale gracias; pero tiembla por el depósito que te confía, porque en lo sucesivo, tú serás para ese niño, la imagen de la Divinidad.

.·. Haz, que hasta los diez años te tema; hasta los veinte, te ame; y hasta la muerte te respete.

.·. Hasta los diez años, sé su maestro; hasta los veinte, su padre; y hasta la muerte, su amigo.

.·. Enséñale ante todo, buenos principios; y después, bellas maneras. Que te deba una doctrina esclarecida, mejor que una frívola elegancia.

.·. Que sea mejor, un hombre honrado, que un hombre hábil.

.·. Lee y aprovecha; ve e imita; reflexiona y trabaja.

.·. Y que todo redunde en beneficio de tus hermanos, para tu propia utilidad.

.·. Sé siempre contento para todo, con todo y de todo.

.·. Jamás juzgues ligeramente las acciones de los hombres. Perdónalas y no las condenes.

.·. El Gran Arquitecto del Universo es el que sondea nuestros corazones. Es él, sólo, quien puede apreciar su obra.