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Brevísima introducción a la Masonería: Custodios de la Gran Verdad

«Estos ritos harían que los grupos humanos se centrasen en las enseñanzas dirigidas a su corazón y superaran los límites del pensamiento racional, principal obstáculo para el desarrollo íntegro del ser humano.»

A los masones se les supone herederos y garantes de una antigua sabiduría que se remontaría a los límites de la Historia conocida. Pero hasta donde se sabe con certeza, sus orígenes se asocian a la construcción del Templo de Salomón, allá por el año 1.ooo a. C., donde cuenta la leyenda que el primer masón conocido, el maestro de obra Hiram Abif, apodado el “hijo de la viuda”, fue asesinado por tres ayudantes celosos del secreto que aquel no les quería revelar hasta considerarles preparados para ello.

Mientras que a Abif se le asocia con el hombre libre, a estos tres ayudantes se les asocia con la tiranía, la ignorancia y el fanatismo.

Concluye la leyenda que, antes de morir, Hiram exclamó: “¿Quién ayudará al hijo de la viuda?”. Grito éste que sigue siendo, hoy en día, la clave por la que un masón solicita el auxilio de sus “hermanos”.

El Templo de Salomón habría sido ideado bajo una serie de saberes ocultos por los que cada piedra, cada forma y cada detalle responderían a un mapa de acceso a otras realidades de las que extraer los conocimientos necesarios para elevar progresivamente la conciencia colectiva.

Algunos de los instrumentos que se le atribuyen a esta sabiduría son el dominio de la geometría sagrada y la consiguiente manipulación de las vibraciones energéticas presentes en el planeta, a partir de las cuales la mente de un iniciado podría trascender la densidad material y entrar en contacto con su ser más profundo.

La masonería surge con el propósito de una transformación colectiva del ser humano a partir de cada individuo, bajo la idea de que el descubrimiento y el dominio de uno mismo provoca cambios mucho más profundos que el que pudiera lograr un líder de masas. Para difundir esa sabiduría, se establecieron una serie de escuelas de misterios destinadas a conservar el secreto por el que se regiría el destino del mundo y que sólo le es permitido conocer a unos pocos elegidos: aquellos que han completado con éxito el largo y penoso camino iniciático del autoconocimiento.

“La Masonería tiene mucho que ofrecer. Sin olvidar las miserias del mundo en los tiempos actuales, tiende verdaderamente a la universalidad, pues se ocupa de lo que hay de eterno en el hombre, en todos y cada uno de los hombres”

Freddy De Greef

El legado de los constructores del Templo de Salomón fue recogido por las escuelas dionisiacas griegas, de donde pasó a los colegios de constructores romanos y de ahí a las comunidades cristianas. Con la proclamación del cristianismo como religión oficial del Imperio, los antiguos saberes quedaron relegados a diferentes grupos que pasaron a ser considerados heréticos por no acogerse a la doctrina oficial y, por tanto, perseguidos. Más tarde, confluirán en asociaciones monásticas como la benedictina y la cisterciense, que con el tiempo desarrollarán los estilos románico y gótico a través de maestros constructores iniciados en el secreto masónico.

La Capilla de Rosslyn, en Edinburgo, está considerada un importante centro de conocimientos ocultos La masonería vivirá entonces una época de gran esplendor, y extraño por cuanto que los misterios en torno a sus privilegios aún no han sido resueltos, con la aparición, en el siglo XII, de la Orden de los Caballeros Pobres de Cristo, los templarios. En su origen, nueve caballeros templarios fueron recibidos en Jerusalén para defender la ciudad tras la Primera Cruzada. Tan ridículo número de defensores se alojó durante años en los sótanos del templo de Al-Aqsa, construido según la leyenda sobre el Templo de Salomón, gesto que se interpreta como una supuesta demostración de humildad. Otras interpretaciones suponen que allí pudieron excavar a sus anchas en busca de algo que les permitió someter a la jerarquía papal durante dos siglos, alcanzando niveles de poder insospechados.

Tras su caida en desgracia al enfrentarse al rey de Francia, quien consiguió el apoyo del Papa para su excomunión colectiva en 1314, los templarios desaparecieron, literalmente, de la faz de la Tierra, culminando así su historia con un misterio tanto o más impresionante que el de su origen y esplendor. Muchos de ellos habrían encontrado cobijo en diferentes sociedades secretas, las logias, a través de las cuales la antigua sabiduría consiguió pervivir para el resto de los siglos.

El nuevo auge del movimiento masónico tendrá lugar en el siglo XVIII, con la aparición del movimiento ilustrado: científicos y humanistas que primaban al individuo y al pensamiento por encima de las supersticiones religiosas y que contribuyeron con el tiempo al debilitamiento de las monarquías absolutistas y al poder del Vaticano.

Es entonces cuando surge la masonería tal y como la conocemos hoy en día, de carácter “especulativo” a través de pensadores y altos cargos de la vida política, frente a la vieja masonería “operativa” de constructores y canteros. Algunos de los caminos establecidos se pervirtieron y pasaron a servir al opuesto del propósito inicial, esto es, algunas sociedades comenzaron a usar el antiguo saber no para provocar la liberación del ser humano, sino para someterlo a los designios de unos pocos iniciados.

El nacimiento de los Estados Unidos está considerado uno de los grandes logros de la masonería.

Es aquí donde nos topamos con los famosos illuminati, que tanto juego han dado a los amantes de las conspiraciones. Fundada en 1776, la Orden de los Perfectibilistas, que así se llamaban, entendía que la evolución de la Humanidad empezaba por que los iniciados coparan todos los ámbitos de poder, desde donde ejercer su influjo en la sombra. A partir de aquí, toda una serie de teorías se enfrentan hoy en día entre sí para defender unas el buen propósito de estos illuminati o denunciar otras la “Gran Conspiración” de unos individuos que habrían estado manejando a su antojo los designios del mundo hasta nuestros días. Pero esto ya es otra larga historia. Sólo apuntaremos que, siguiendo las ideas de Enrique de Vicente, director de la revista Año Cero y experto en tradiciones mistéricas, la confrontación entre fuerzas “luminosas” y “oscuras” que luchan por el devenir de nuestra evolución también sería parte del plan “divino”, puesto que, según las grandes tradiciones esotéricas, la convulsión que provoca la destrucción de una civilización es requisito necesario e indispensable para la regeneración de la Humanidad. De ser así, el desenlace final tras el caos de la lucha, “nuevo orden utópico y luminoso” frente a “nuevo control mundial”, queda, pues, en el aire.

Pero volviendo al Templo de Salomón, una pregunta se hace inevitable, ¿quién o qué hubo antes de Hiram Abif? A día de hoy, es posible seguir la pista de los iniciados hasta los orígenes de la civilización egipcia, los misterios de Isis y Osiris. Y si, a raíz de los últimos descubrimientos, ésta se remonta en el tiempo varios miles de años más de lo que suponemos, el asunto resulta francamente emocionante. Los descubrimientos realizados en torno a las grandes construcciones levantadas por aquellas antiguas civilizaciones han dejado bien claro que fueron erigidas a partir de conocimientos astronómicos muy elevados, y con una meticulosidad y una precisión matemática tal que los ingenieros de hoy apenas salen de su asombro. Es más, cuanto más sabemos de tales estructuras, más boquiabiertos nos quedamos. Es fácil suponer que tanto esfuerzo estuvo orientado a unos propósitos muy concretos de los que apenas intuimos algo muy débil y todavía mágico, en tanto que desconocido, para unos seres que tanto nos hemos desviado del camino hacia la armonía con el universo que nos rodea. En “Claves ocultas de El símbolo perdido”, Enrique de Vicente destripa la simbología esotérica que se esconde en la novela de Dan Brown.

Estudiosos como Manly P. Hall, gran maestre de rango 33 del Rito Escocés, se atrevieron a afirmar que esa antigua sabiduría no es de este mundo. Según sus ideas ocultistas, la masonería nació como método de contacto con inteligencias superiores, las cuales desarrollaron cultos y rituales que permitieran al hombre primitivo comprender y canalizar sus energías para contactar así con otras realidades dimensionales. Estos ritos harían que los grupos humanos se centrasen en las enseñanzas dirigidas a su corazón y superaran los límites del pensamiento racional, principal obstáculo para el desarrollo íntegro del ser humano. De esta manera, los iniciados dan muerte al ser mecánico que somos día tras día para renacer como ser espiritual y trascendente. ¿Cuánto queda de todo ello en la actualidad? ¿Cuánto contenido se ha desprendido de sus alforjas por el camino de la Historia? ¿Cuántos símbolos han quedado huérfanos de su significado original? Es posible que ni siquiera los propios masones, salvo unos pocos privilegiados, lo sepan.

 

Los Origenes de la Masonería

«La francmasonería o masonería (del francés francmaçonnerie) es una organización autodenominada iniciática, filantrópica y filosófica.»

La francmasonería o masonería (del francés francmaçonnerie) es una organización autodenominada iniciática, filantrópica y filosófica. Sus miembros y simpatizantes sostienen que tiene como objetivo la búsqueda de la verdad y el fomento del desarrollo intelectual y moral del ser humano. Los masones o masónicos, tanto hombres como mujeres (masonas o masónicas), se organizan en estructuras de base denominadas logias, que a su vez pueden estar agrupadas en una organización de ámbito superior normalmente denominada "Gran Logia", "Gran Oriente" o "Gran Priorato". Han sido asociaciones de carácter secreto. Aparecida en Europa entre finales del siglo XVII y principios del XVIII, la masonería moderna o "especulativa" ha sido descrita a menudo como un sistema particular de moral ilustrada por símbolos. Se presenta a sí misma como una herramienta de formación, con un método particular que, basado en el simbolismo de la construcción, permite a sus miembros desarrollar su capacidad de escucha, de reflexión y de diálogo, para transmitir estos valores a su entorno.

La historia institucional de la masonería presenta numerosas disidencias, cuyas principales causas, con importantes matices y derivaciones, están relacionadas con la admisión de la mujer en la masonería, la cuestión de las creencias religiosas o metafísicas, la naturaleza de los temas tratados o la forma de trabajar de las logias, así como con las bases sobre las que se fundamenta la regularidad masónica. La existencia de distintos puntos de vista sobre estos y otros temas ha dado lugar al desarrollo de distintas ramas o corrientes masónicas, que a menudo no se reconocen entre ellas.

“La Masonería es amistad, amor e integrida. Amistad que se sobrepone a las ficticias distinciones sociales, a los prejuicios de religión y a las condiciones económicas de la vida. Amor sin límites ni tibiezas que no conoce desigualdades. Integridad que ata al hombre a la eterna ley del deber”

A. C. L. Arnold

Una de las leyendas más importantes de la Francmasonería atribuye a Hiram Abif, mítico arquitecto del Templo de Salomón en Jerusalén, la fundación de la orden masónica. Algunos textos retrotraen el origen de la masonería a épocas de aún mayor antigüedad, llegando a considerar como fundadores a distintas figuras bíblicas como Tubalcaín, Moisés, Noé o el mismísimo Adán. Más realistas, pero todavía en el ámbito de lo mítico o de lo pseudohistórico, diversos autores han atribuido este origen a los constructores de las pirámides en el antiguo Egipto, a los Collegia Fabrorum romanos, a la orden de los Templarios, la de los Rosacruces o a los humanistas del Renacimiento.

Es comúnmente aceptado que la Francmasonería moderna procede de los gremios de constructores medievales de castillos y catedrales, que evolucionaron hacia comunidades de tipo especulativo e intelectual, conservando parte de sus antiguos ritos y símbolos. Este proceso, que pudo iniciarse en distintos momentos y lugares, culminó a principios del siglo XVIII.

Los albañiles medievales, denominados masones, disponían de lugares de reunión y cobijo, denominados logias, situados normalmente en las inmediaciones de las obras. Era común a los gremios profesionales de la época el dotarse de reglamentos y normas de conducta de régimen interior. Solían también seguir un modelo ritualizado para dar a sus miembros acceso a ciertos conocimientos o al ejercicio de determinadas funciones. Los masones destacaron especialmente en estos aspectos.

Los gremios de constructores, albañiles y arquitectos son mencionados en varios de los más antiguos códigos de leyes, incluido el de Hammurabi (1692 a. C.). Pero suele considerarse que el primer código regulador específicamente masónico fue el que el rey Athelstan de Inglaterra dio a estas corporaciones en el año 926, el denominado Constituciones de York. Este manuscrito se perdió en el siglo XV y fue reescrito de memoria por los que lo conocían. Por este motivo, la Carta o Estatutos de Bolonia, redactados en 1248, son el documento masónico original más antiguo que se conoce. Trata de aspectos jurídicos, administrativos y de usos y costumbres del gremio. Le siguen en antigüedad otros documentos, como el Poema Regius o manuscrito Halliwell (1390), el Manuscrito Cooke (1410), el Manuscrito de Estrasburgo (1459), los Estatutos de Ratisbona (1459), los de Schaw (1598), el Iñigo Jones (1607), los de Absolion (1668) y el Sloane (1700). Todos estos manuscritos se refieren a la masonería "operativa" o gremial, de la que especifican, sobre todo, las reglas del "oficio", y los historiadores suelen referirse a ellas en un sentido genérico como "constituciones góticas".

Respecto a los rituales masónicos, el primer documento de relevancia del que disponen los historiadores se refiere a una de estas organizaciones de la construcción que es particular de Francia, el Compagnonnage (Compañerismo), y data de 1655. Sin embargo, ya desde 1630 aparecen distintos documentos que aluden a los usos rituales de la masonería escocesa. El ritual masónico completo más antiguo que se conoce es el manuscrito denominado Archivos de Edimburgo, que data de 1696.

Con la evolución de la sociedad y las transformaciones económicas, la mayoría de las logias de la masonería operativa dejaron poco a poco de ejecutar obras materiales, transformándose en organizaciones fraternales, pero conservando, en parte, sus usos y costumbres tradicionales. La Francmasonería especulativa es el producto de esta transformación. Desde el siglo XVII, algunas logias de masones operativos comenzaron a recibir como miembros a personas ajenas al oficio, generalmente clientes, nobles o benefactores. El perfil de estos masones aceptados solía ser el de intelectuales humanistas, interesados por la antigüedad, el hermetismo, las ciencias experimentales nacientes, etc. Las logias de este tipo se convirtieron en un espacio de librepensamiento y especulación filosófica. Si se trata de una transformación radical o progresiva, es algo que los historiadores se cuestionan hoy en día. En cualquier caso, al menos en Escocia, el vínculo orgánico entre la antigua masonería y la nueva parece incontestable. Las logias «no operativas» se hacen cada vez más numerosas en Escocia, Inglaterra e Irlanda.

El 24 de junio de 1717, cuatro logias londinenses que llevaban el nombre de las tabernas en que realizaban sus encuentros (La Corona, El Ganso y la Parrilla, El Manzano y El Racimo y la Jarra), se reunieron para formar una agrupación común. Denominaron a la nueva organización Gran Logia de Londres y de Westminster, y su primer Gran Maestro fue Anthony Sayer. La creación de esta nueva institución supuso un salto significativo en la organización de la Masonería, que trascendió así del ámbito logial. Formada en parte por miembros de la Royal Society próximos a Isaac Newton, la nueva Gran Logia se dotó en 1723 de una Constitución redactada por dos pastores protestantes: Jean Theóphile Désagulliers y James Anderson, quien, como compilador, dio nombre a las que se conocen como Constituciones de Anderson. Más allá de las diferentes interpretaciones que se dan sobre el alcance de elementos concretos del texto de las Constituciones, la mayoría de los autores coinciden en destacar el espíritu de tolerancia y no sectarismo que anima el conjunto, destacando su deseo de presentar a la masonería como un "centro de unión" entre todos los hombres, cualesquiera que sean las razas, opiniones y creencias que los distingan.

El ritual practicado por la primera Gran Logia, aunque enriquecido y desarrollado, era perfectamente conforme a los usos escoceses "sobre todos los puntos de la Masonería", tal como lo atestigua el acta de la visita de Désaguliers a la logia Mary´s Chapel el 24 de agosto de 1721. Los rituales de esta primera Gran Logia se conocen por una obra publicada en 1730, La Masonería Diseccionada (Masonry Dissected), que los reveló al público, produciendo gran escándalo entre los hermanos.

Pese a que la creación de la Gran Logia de Londres generó reacciones contrarias por parte de algunos sectores de la masonería operativa inglesa, el nuevo modelo masónico se extendió rápidamente por Europa y América con la creación, en los años siguientes, de la Gran Logia de Irlanda en 1725, la primera Gran Logia de Francia entre 1726 y 1730, la Gran Logia Provincial de Pensylvania en 1731, la Gran Logia Provincial de Massachussets en 1733 y la Gran Logia de Escocia en 1736.

 

 

La Masonería Operativa

Masonería Operativa

conformada por antiguos gremios de albañiles y constructores durante la edad media.

 

La Masonería Especulativa

Masonería Especulativa

la Francmasonería se encuentra presente en casi todos los países de la Tierra.

 

La Masonería Moderna

Masonería Moderna

la Francmasonería moderna se sitúan en torno al 1600, en Escocia y tiene antiguos origenes,